Cuando ya no hay remedio

Cuando ya no hay remedio

Los más débiles han de ser siempre los primeros. Pero no acompañamos, apoyamos, arropamos, escuchamos… a veces ni siquiera les miramos, y a veces miramos y no les vemos, o lo hacemos cuando ya es tarde, tardísimo… ¿Qué sociedad estamos construyendo? ¿No somos una sociedad enferma? Reconozcámoslo, SI LO SOMOS.

PuñoPonemos el grito en el cielo en demasiadas ocasiones, cuando ya no hay remedio. Ya no hay remedio. No hay remedio para Alicia, ni tampoco para su mamá. ¡Qué pocas veces ha podido escuchar esa mujer “mamá” de boca de su niña! Ya no hay remedio para otras Alicias, ni para otras madres y otras mujeres que año tras año pasan a formar parte de una lista, que siempre es demasiado larga. Que siempre a final de año, contamos, y contamos… y nunca nos salen las cuentas, nunca el balance es cero.

Cuánto nos cuesta cambiar la perspectiva respecto a este tema. Nos cuesta asumir que educar en la igualdad, en el respeto y en la no violencia es una tarea que hemos de asumir como sociedad. Claro, que de aquí se derivan muchas cosas. De aquí se deriva que todos y todas podemos hacer algo. Que no sólo educamos padres, madres y profesores. Que todos educamos. Y principalmente con el ejemplo.

Y el ejemplo, a veces, son cosas muy pequeñas: comentarios que pueden parecen inofensivos, el reparto de resposabilidades en casa o en los colegios, los estereotipos, los chistes o comentarios irrespetuoso… y las carcajadas de después…

Por los siglos de los siglos ha existido una manera de colocar las mujeres en el mundo. Y aunque es cierto que algunas- gracias al trabajo por la igualdad de tantas personas, durante años y años- , hoy ya se colocan donde realmente quieren estar, hay otras que no pueden hacerlo.

También es cierto, que algunos aún hoy piensan que ocupan una posición de superioridad respecto a las mujeres. Y también alguno se cree que esa superioridad les permite someter, maltratar y abusar de quienes están en una situación de mayor desprotección, de las mujeres en este caso.

Y este es el tema que toca, no solo por la gravedad, sino también y sobre todo por la proximidad.

Pero en los últimos días también hemos escuchado a unos padres hablando del suicidio de su hijo de 11 años desesperado porque no podía volver más al colegio, donde era acosado. También los que acosan se colocan en una posición de superioridad.

Y también hemos tenido noticia de que en Europa, los países que «acogemos» a los refugiados nos colocamos en una posición de superioridad cuando consideramos que embargarles los bienes que traen, o marcarles con pulseras rojas es un derecho nuestro y no un atentado contra la dignidad de esas personas. Cuando están en pura situación de indefensión. En la debilidad más extrema.

Cuanto más débil y más vulnerable es una persona, más atenciones, más cuidados, más apoyos, más escucha necesita. De igual a igual. ¿No nacemos todos los seres humanos iguales en dignidad y derechos? ¿No es la justicia dar a cada uno lo que necesita? ¿Por qué entonces los más débiles y las más débiles sólo nos sacan un grito de angustia, o un grito en el cielo, cuando ya no hay remedio? ¿Qué estamos haciendo?

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